Ciego en una jaula de mariposas.

Mariano Cornejo, Gabriela Aberastury y Leopoldo Castilla.

2019.

Antología en 12 libros únicos. Poemas de Leopoldo Castilla intevenidos plásticamente por Mariano Cornejo y Gabriela Aberastury.

Osaturas.

Mariano Cornejo y Huego Padeletti.

2010.

Pintura sobre poémas de Hugo Padeletti, Edición de bibliófilo.

El Señor de la Serpiente. 
Simbología de los Petroglifos del Cerro de la Escuelita Vieja (Colina Kawsay) de Potrero de Payogasta”

 

Mariano Cornejo

Ensayo

Edición Mundo Gráfico, Colección Cornejo-Aráoz
2014

 

Un cerro como cualquier otro pero cuajado de petroglifos. Una huaca sagrada de la Cultura Calchaquí en pleno valle de Potrero de Payogasta.

Nada fuera de lo “normal” hasta que los signos allí grabados son vistos desde el lenguaje universal de la Simbología.

Entonces reviven de sus piedras el “SEÑOR DE LA SERPIENTE” y la “GRAN SERPIENTE AMARU” del mito incaico y el dragón abre sus alas mientras, sobre su lomo, un extraño personaje parece dominarlo todo.

El símbolo del hombre enfrentado al dragón, así como en Oriente, Asia Menor, Europa y América, también aparece aquí en Salta, petroglifo y Calchaquí. 

Pero su presencia revela un mapa.

Un colosal mapa de la región Norte del Valle Calchaquí que parece señalar además, la red de Caminos Incaicos que cruza la zona e indudablemente alude al mito fundacional de los invasores Incas. La geografía sagrada aparece grabada en piedra.

Pero también están aquellos Caballos y Jinetes como probando el paso de Diego de Almagro hacia 1536/7 por Potrero de Payogasta.

En tanto, otra piedra ceremonial a la manera de una misteriosa escritura, presenta demasiadas analogías con una milenaria pintura rupestre Africana.

No hay petroglifo que sea inocente.

Las figuras grabadas por aquellos antiguos artistas, están allí esperando ser leídas.

Mariano Cornejo

La correntada

Mariano Cornejo

Poesía

2011 - 2012

2011

 

"Se expone aquí líricamente un pensamiento subversivo y fuerte sobre la materia y la vida, pensar que ve lejos y en profundidad.

Parafraseando a Pascal Quignard diría por último que este libro es una sola ola ritmada, un solo flujo, (...)una marea correntada semejante la Deseo." Teresa Leonardi Herrán

El Pedregal
Mariano Cornejo

Poesía

2011



El Pedregal es un libro de paisajes. De los mismos paisajes que pinto. Cuando no bastan los colores y las formas para decir esos paisajes, aparecen los poemas. En esos poemas estan también la materia de la tierra erosionada, las distancias inmensas, el cielo. También estoy yo, aunque apenas aparezca, y como en Los Valles Calchaquíes y en mis cuadros la principal materia de este libro es la soledad.
Mariano Cornejo

“CREO QUE HAY UNA VERTIENTE SAGRADA EN TODAS LAS COSAS”
Diálogos 2011 – Entrevista a Mariano Cornejo Lasteche

 

Mariano Cornejo pasa sus días entre Buenos Aires, Salta y Molinos. Nació en Salta pero hace mucho tiempo que sus ansias de pintar lo llevaron lejos, primero a Buenos Aires donde tuvo una rigurosa formación y luego hasta el viejo mundo, donde completó la primer parte del periplo (que evidentemente no termina).
Consagrado a nivel nacional e internacional por su obra plástica, pinturas y esculturas, tiene la fama bien ganada, sobre todo desde que en 2008, en ArteBA, un coleccionista adquirió toda su obra antes de comenzar la exposición. Pero además de poder vivir de su obra (la utopía de todo artista) su veta creativa se expande sin pausas hacia la fotografía (“que es un caso de la pintura”, según dice) y la poesía.
Lo convocamos para charlar en el ciclo Diálogos, las entrevistas que organiza la Secretaría de Cultura,  y participó hablando durante casi dos horas, con la sencillez de un genuino creador. El público -curiosamente conformado por muchos más poetas y gente común que por artistas plásticos- participó activamente de la charla.

 

- ¿Cómo recordás tus primeros 18 años en Salta?
 

-Es la infancia, fundamentalmente es la infancia, los juegos, la casa. Ya estaba presente el paisaje, me encantaba ir solo por ahí caminando, ya empezaba a pintar, creo que arranqué a pintar a partir de los once o doce años. Tenía realmente una gran necesidad de ver pintura así que intentaba acercarme por todos lados, ya sea por libros o viendo cuadros. Creo que fue fundamental haber frecuentado sobre todo a Julio Coll. Fue mi primer maestro, con él salíamos a pintar al campo, fue clave su orientación. Y luego con Osvaldo Juane, unas breves clases que fueron para mí muy importantes. Era permanente aprendizaje. Lo difícil era encajar esas ganas y esa necesidad con el resto de mis amigos, con la vida cotidiana. Era raro que un chango tomara clases de pintura. Que prefiriera dejar un partido de fútbol por ir a tomar clases de pintura.

 

- ¿Cuáles fueron los colores de tu infancia?
 

-Muy fuertes y los retomé no hace demasiado tiempo. Cuando era chico quería ser un pintor como los Derain, Matisse, o como los impresionistas, ese era mi primer entronque con la pintura y pretendía ser ellos. Encaraba el paisaje tratando de pintar a la manera de ellos, creo que fue un inmenso aprendizaje que me sirve hasta ahora. Don Julio Coll, por ejemplo que me hizo dudar del color que obviamente uno cree que está viendo, cuando se empieza a poner en duda eso, uno empieza a sutilizar el ojo. Ese ejercicio me sirve hasta ahora.

 

- ¿Qué es más importante para una artista plástico, la formación o el oficio?


-Las dos cosas. Me hubiera perdido de muchas cosas sin el estudio. Si acá hubiera un chango que quiere estudiar plástica, les diría a los padres que ninguna academia le va a torcer el gusto, o la mirada, si es que ese chango tiene algo que decir.

 

- Y el oficio, ¿cómo encaras el día a día con el trabajo?
 

-El oficio, en cuanto a la técnica es haber aprendido concretamente a manejar bien los elementos, como para elegir qué uso. Creo que los artistas deben terminar generándose su propia técnica ¿no? Y de técnica a estilo estamos a un paso. Por lo menos los artistas  plásticos que me interesan se han inventado ellos mismos una propia técnica o han usado las conocidas,  pero de tal modo diferenciadas que uno ve  cien cuadros y dice: eso es de Líbero Badii, por ejemplo. La otra parte de la pregunta, en cuanto al oficio día a día, es muy básico, me paso todo el día pintando. Desde la mañana a la noche.

 

- ¿Cómo definís tu estilo?
 

-Pasa que yo he abierto bastante el abanico, tengo varias técnicas según el tipo de obra que vaya a hacer, pero fundamentalmente trabajo mucho sobre la madera, lo que sería madera policromada, tanto cuando hago objetos como muebles o cuando hago tablas, maderas sobre la pared, maderas pintadas.

 

- ¿Cómo definís el arte contemporáneo?


-Es un caos, el mismo caos del mundo contemporáneo. Si el arte refleja el tiempo que corre, el arte es un caos, para bien y para mal. Creería que es el momento de la historia menos claro, y el artista va en esta marejada haciendo lo que cree que debe hacer.

 

- Para acceder a la poesía contemporánea se necesita haber leído  poesía anterior… ¿en el caso del arte plástico también?


-Sí, el arte hace mucho tiempo ha dejado de ser democrático, a pesar de que estos últimos siglos hayan sido los de mayor esfuerzo de la humanidad para que lo sea. Sin embargo, paradojalmente el arte se ha vuelto una cosa altamente difundida pero muy elitista, en el sentido de que hay muchísimas cosas que si uno no tiene una clave como para entrar en una determinada exposición o determinada instalación, se puede quedar absolutamente afuera de lo que está pasando.

 

- ¿Y no basta con la sensación de que algo te guste o no te guste?


-Caseramente, sí. Siempre está la sensación y eso es indiscutible. Ahora, a partir de allí como para empezar a darle una valía algo más criteriosa, más allá de la mera sensación, hay que estar preparados, lo cual no me parece bien en un punto. Creo que el arte se ha complicado de tal manera que se convierte en un poderoso abanico de posibilidades que en muchos casos te dejan afuera.

 

- ¿En qué momento pasás de la figuración a la abstracción?


-Yo me había casado con la abstracción… porque partía de una formación con unos pintores abstractos poderosos como Ari Brizzi, y como siempre cuando uno es joven, se embandera en algo y dice: “ésta es mi verdad”. La vida y el propio trabajo de taller fueron tamizando esa rigidez. Los primeros trabajos figurativos empiezan a aparecer cuando mis hijos tienen uno o dos años y empiezo a hacerles juguetes, avioncito, caballito, helicópteros. Yo solo entré de nuevo a la figuración, rompí el preconcepto de que el artista tiene que ser abstracto, sigo siendo muy amigo de la abstracción, me encanta esa definición de Paul Klee que dice: “soy abstracto con recuerdos”, me encanta. El arte, la pintura demasiado explícita  nunca me interesó demasiado en el arte contemporáneo, aunque en Velázquez me parece perfecta ¿no? Creo que lo que sostiene una buena anécdota, es sobre todo una muy buena armadura, desde el punto de vista plástico.

 

- ¿Tenés obsesiones a la hora de la creación?


-Cada serie y cada tema es una obsesión, definitivamente, o sea, hace un par de años veníamos haciendo unas cabalgatas con unos amigos por Amblayo, y el esquema del paisaje se me instaló obsesivamente al punto que  hay toda una serie de cuadros que tienen formas de quebrada, de montañas, una serie como de setenta cuadros, o sea, cada tema que uno toma, cada subtema dentro de la obra, a lo mejor es una sola obsesión, lo que pasa es que uno se ve obligado a ir al próximo cuadro y al próximo porque no está saciado con el que salió primero, es compulsivo. Yo por lo menos no lo elijo racionalmente, los temas se imponen.

 

- Las texturas, las erosiones parecen ser una constante en tus obras, ¿es acaso el tema del tiempo una de tus preocupaciones?


-No. No sé cómo decirte, no hay una vinculación entre la superficie erosionada, digamos, y una percepción mía del tiempo o del paso de la vida, simplemente me gusta el color que aparece a través de una superficie, porque si vos te ponés a pensar el rojo que está atrás tuyo, que es un terciopelo, ese rojo solamente existe arriba de ese terciopelo, porque si estuviese arriba de un plástico el mismo rojo funcionaría distinto y arriba del vidrio funcionaría distinto y así sucesivamente, o sea, esto de decir a mí me gusta el rojo es una tontería, ¿sobre qué? Creo que esto se ha explorado bastante poco, el color es su piel, el color es la textura a través de la cual aparece, eso a  mí en plástica me interesa muchísimo, y sí, el mismo azul ultra mar del pomo, en diferentes texturas, va a ser un color distinto, entonces, eso es interesante. Siempre me han interesado ciertos pintores que han trabajado la superficie táctil de la obra y que se han comprometido con eso, es como si el ojo necesitara de esa rugosidad para caminar sobre la superficie ¿no? Trabajo muchísimo en eso, capa sobre capa.

 

- ¿Cómo surge aquella serie Zodíaco que revolucionó Arte BA en el 2008, esos doce sillones cada uno con un signo?


-Venía haciendo una serie de  esculturas-sillones y había hecho una pequeña serie que habían sido las cuatro estaciones,  había  hecho cuatro estaciones en collage grande uno de los cuales por suerte para mí está en el museo de Arte Contemporáneo y acompañé en esa exposición a cada uno de los collages con cuatro sillas que eran cuatro banquetas, cuatro sillones raros que formaban: primavera, invierno, verano, otoño. Me gustó esto de hacer una cosa unitaria, ya había hecho una silla que llamé silla cangrejo porque tenía una forma parecida a un cangrejo. Bueno, cangrejo es uno de los signos del zodíaco y comencé a madurar la idea de desarrollar todos los signos en forma de sillones. Me encanta la idea de esculturas que se usan para sentarse, pero no puedo hacer dos sillas iguales, me aburriría…

 

- ¿Cómo lograste abrir esa veta comercial en el sentido de que podés vivir de tu obra?


-Han sido años de estar bregando en Buenos Aires por estar o permanecer en algunas galerías, en lo posible que fuesen de las buenas. Ser aceptado, presentar  las carpetas, que me conozcan, ir adelantando fichas dentro de este mundo que tiene que ver con la salida comercial. Mucho trabajo y muchos vaivenes también

.

- El misticismo, la astrología, el simbolismo también están en tu obra, ¿sos un estudioso de estos temas? ¿Te interesan particularmente?


-Era. Estudié en una época, estaba muy interesado en el esoterismo, en este sentido, las corrientes del pensamiento vinculadas a lo sagrado en diferentes religiones o en diferentes culturas, en diferentes artes, ya sea arte islámico, arte hindú  y ahí entrabamos un grupo de gente interesados en analizar textos, los vedas, el popol vuh, el génesis cristiano, con el apoyo de una serie de autores que manejan los símbolos que se dan en las diferentes culturas. Eso es muy importante para mi obra.

 

- ¿El arte participa de lo sagrado, nutre tu obra esto?


-Sí, yo creo que toda la vida participa de lo sagrado, el hecho de estar acá, el hecho de que florezcan los lapachos, más allá de toda religión y de todo “ísmo”, creo que hay una vertiente sagrada en todas las cosas. Creo que la naturaleza es sagrada o es lo sagrado. Eso a mí me nutrió porque me puso en contacto con maravillas del arte que son muy difíciles de conocer, o sea, en la historia del arte que se aprende en la facultad, no está la historia del estilo de los mandalas tibetanos. Cuando estudiás los mandalas tibetanos te haces un mundo plástico de una riqueza absolutamente extraordinaria.

 

- ¿Qué pasa con tus convicciones religiosas, en qué creés?


-Hace bastante tiempo que mis convicciones religiosas no me molestan más. Es como que me hubiese des-peleado con Dios. Tengo una pelea latente con los curas, latente que en cualquier momento explota. Por ejemplo, uno se entera de que la curia manda a suspender las manifestaciones artísticas porque molestan (la entrevista fue en septiembre, días del Milagro en Salta) y pienso que los pueblos en los Valles, están llenos de altavoces espantosos para difundir unos cantos horrendos, referidos a la religión católica, con la peregrina idea de que eso atrae a los feligreses (aplausos del público). Bueno, no quiero hablar del tema (dice enojado).

 

- En abril próximo vas a presentar una muestra acá en Salta, ¿cuál va a ser la temática?


-Voy a intentar hacer una pequeña retrospectiva, una especie de raconto de los últimos  veinte años, que son cosas que no he presentado en Salta, yo he expuesto poquísimo en Salta en los últimos años, entonces, bueno, intentar hacer eso.

 

 

 

EL PÚBLICO PREGUNTA.

 

- ¿Comenzás una pieza y la terminás, o vas haciendo zapping con distintas obras? ¿Cómo es tu trabajo?
-No. El taller tiene un montón de piezas que se están haciendo al mismo tiempo, nunca es un solo cuadro, sino que es casi una serie de cuadros que arranco la misma semana. Es como si fuese pintando un sólo cuadro, dividido en diez cuadros, ¿se entiende?, es una  serie.

 

- ¿Los tenés en la cabeza y los vas armando…?
-No los tengo en la cabeza, ese es el problema, van saliendo solitos, se van imponiendo. Tengo un cuadro ahí que tiene verde, el de allá tiene naranja, entonces muchas veces pongo un color en el cuadro que está acá, en función del otro que está allá, es como si fueras a hacer una sola obra ¿no? dividida en una serie x de cuadros, llega un momento en que uno se concentra particularmente en ese cuadro para terminarlo, pero siempre está acompañado de otro, de otro y de otro

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- ¿Te pasó de soñar una idea alguna vez?


-Todo el tiempo. Es que uno entra en una especie de ensoñación, en este caso plástica, de colores, formas, tensiones, texturas, pero ese no es el cuadro, es esa pulsión interna de una situación plástica que debe ser hecha. El mismo día que planteaste el material, la medida que necesitás, todo eso, esa idea ya es prehistórica y la primera mancha que aparezca sobre el cuadro va a ser tan determinante que te va a llevar por otro camino. Pero ese camino que sigue el cuadro, salió de esa idea, pero como no te satisface viene el segundo cuadro y el tercero, el quinto, el veinteavo cuadro, en realidad todos están respondiendo a esa primera idea que nunca va a ser exacta. El cuadro o la escultura a poco de andar pareciera tener vida propia, es algo realmente increíble, el propio cuadro te va diciendo por dónde van las cosas. Ahora eso realmente es un esfuerzo, son horas, días y a veces meses de estar dándole vuelta al cuadro para saber por dónde ir.  Son horas de mirar el cuadro y de vivir con lo que uno está haciendo a mitad de camino, porque a tal horario te levantás por la noche y cruzaste para ir a tomar un vaso de agua y el cuadro te habló, ahí te diste cuenta que le hace falta tal cosa, y probablemente dejes de dormir, te vayas al taller a ponerte a trabajar.

 

- ¿Tenés algún cuadro que no venderías por ningún precio?


-Sí tengo, y otros que había prometido no vender por ningún precio y  los tuve que vender. Pasa que algunos son esos cuadros bisagras, en donde uno se animó a dar un paso que venía postulando de hace años y que de repente sucede, entonces, si el cuadro es malo o bueno, grande o chico, no importa, para uno es de un valor especial.

 

- ¿Cómo trabajas o insistís cuando estás bloqueado?


-¿Cómo? Metiéndome al taller, el desbloqueo se produce en el taller. Muchas veces se entra al taller y no hay una idea clara o entre comillas “la inspiración” (palabra que odio) no llega y como el taller es como una especie de carpintería, siempre hay que hacer algo, por ejemplo limpiar el suelo que está lleno de virutas. .El segundo paso será guardar un montón de madera. De repente selecciono dos o tres maderas que no había visto, o dos o tres recortes que aparté y ahí ya empezó la obra. En cuanto me doy cuenta, ya estoy haciendo algo. Casi todo lo que me pasa, pasa en mi caso por el taller o yo lo hago pasar por el taller, hasta ahora me ha dado buen resultado.

 

- ¿Tu taller es un refugio, es una “llanura apacible”?


-No, a veces es un campo de batalla. Por supuesto que me da un inmenso placer trabajar, pasa que hacer la obra tiene muchísimos momentos muy distintos, hay algunos de iluminación en la que uno lo tiene clarísimo, y de repente la obra pinta para otro lado y tenés que seguirla y por lo menos en mi caso hay muchísimo esfuerzo físico para hacer. Lijar una superficie con maderas que están ensambladas para llegar a una cosa lisa, para después pintar, volver a lijar y después laquear… son muchas horas. El momento de la inspiración o del diseño en la cabeza digamos, por ahí dura cuatro horas, después vienen cuatro meses de trabajo sobre esa pieza.

 

- ¿Y por qué odias la palabra “inspiración”?


-No, no es que la odie, pasa que siempre está la pregunta, que hasta ahora no me has hecho, “¿en qué te inspiras?”. Esa cosa como si viene alguien y te tira para arriba y te pone en las nubes, no, no es así, es más complejo.

 

- Me gustaría saber cómo vivís esta experiencia y cómo articulas estas dos artes: la plástica y la poesía.  Souriau habla de las correspondencias de las artes y él por ahí teoriza diciendo que en el artista va a haber un momento de elección de su lenguaje que puede ser el musical, el pictórico, etc. Vos comenzaste con la pintura pero tengo entendido que también ya incursionabas de hace años en la escritura. Me interesa saber algo sobre el oficio de poeta y cómo llega para vos esta vocación.


-Siempre escribí, desde chico y me gustaba la poesía. Yo creo que sí se elije ser una cosa, uno se dedica a eso y yo elegí claramente ser artista plástico, pintor. Ahora, durante toda mi vida sentía que había una asignatura pendiente con la poesía y yo iba sintiendo que eso tenía que empezar a salir. Entonces, habían épocas que los poemas estaban dormidos y había épocas que los poemas se despertaban, entonces, bueno, volví a sacar carpetas de cosas y cosas escritas. Me acuerdo que en el año 85, 86, estando en Madrid,  conozco a Santiago [Sylvester] y al Teuco Castilla, ahí les había mostrado unos poemas y como hasta ahora, me ayudaron mucho, pero lo mío era la pintura y seguía pintando. Con respecto a El Pedregal siento un poco de vértigo, un poco de miedo también. Una cosa es debutar a los 18 años con pintura y otra cosa es a los 50 con un libro de poemas, pero tenía que pasar, tenía que salir eso. Yo he tenido grandes maestros en pintura, y debo decir que no hubiera sacado este libro si no hubiera sido por los consejos, por las opiniones, por las lecturas, obviamente, tuyas, (Kuky Leonardi), de Santiago, de Eve Solder y del Teuco. Ha sido importantísima para mí la opinión de ustedes, pero creo que el mote de poeta me queda muy grande.

 

- ¿Y qué es el libro que estás terminando?, nos podés adelantar algo…


-Bueno,  El bicherío… es que no va a ser un bicherío, en realidad es un libro que no sé cómo se va a llamar, es un poco la contrapartida de El Pedregal. Si el pedregal es un desierto, este libro está contando un poco lo que le pasa al desierto cuando deja de serlo, cuando eclosiona con la fuerza de  la naturaleza, del agua…También éste ha sido el tema de mi última exposición.

 

- ¿Qué mostraste allí?


-Se llamó Floraciones del desierto, incluí en el cataloguito un poema que creo que estaba contando  exactamente esto que yo estaba presentando en la exposición, que era una especie de pencas, de esculturas con forma de pencas con unas flores muy raras de metal y clavos con ciertos  pajaritos o bichos picoteando por allí y con colores muy intensos, bueno, esa es un poco la atmósfera de este libro que es el desierto cuando entra en eclosión.

 

- ¿Por qué los animales transitan tanto tu obra?


-Ah, bueno, es que los animales me producen muy buen humor, no sé, aparece una gallina con todo su ser gallina y me parece extraordinario básicamente es eso.

 

- Y el ser humano ¿dónde está en tu obra?


-El ser humano casi no está en mi obra (risas).

 

- ¿Te sentís más escultor o pintor?


-Es exactamente lo mismo, esa es una de las poquitas cosas que tengo claras, la plástica es la misma, las dos cosas me divierten mucho pero yo tengo formación de pintor, no de escultor.

 

- ¿Entiende que su arte está comprendido dentro de una estética latinoamericana?


-Sí, creo que está entroncado en eso. Pasa que, a ver, por ejemplo el mejor cubismo no lo ha hecho Picasso ni George Braque o Juan Gris,  lo hizo Diego Rivera, que era mexicano, que anduvo con ellos en ese momento allá y pudo cruzar o mezclar la cosa fría, analítica de los  franceses, con el color y la cosa hirviente de México. Latinoamérica tiene una vibración, un “por hacerse en todas las cosas”,  un “por decirse en todas las cosas”, que me parece fundamental. La suerte quiere que yo sea latinoamericano y que sea pintor, entonces no puedo dejar de mirar a Rufino  Tamayo o a Wilfredo Lam y cada vez que los miro me aportan absolutamente todo ¿no? Ojalá, ojalá lo que yo hago pueda estar inscripto dentro de esa corriente.

 

- ¿Qué te nutre artísticamente?


-Artistas, muchos. Por poner una lista, Tamayo, Wilfredo Lam, Francisco Toledo, más allá de eso, Lucio Fontana, es un artista que me parece siempre emocionante, el de las chapas perforadas ¿no?, el tío Picasso siempre me deja vuelta y vuelta, siempre que veo un cuadro de Picasso otra vez es un golpe.

 

- Fuera del arte, ¿qué cosas de la vida retroalimentan tu arte?


-Todas, qué se yo, la vida, los amigos, el amor, andar a caballo, guitarrear, todo.

 

- ¿Usas tus apellidos a la usanza salteña, Cornejo Lasteche?


-No, no, Mariano Cornejo nomás. Acá me ponen  Cornejo Lasteche.

 

- Por nacimiento, por apellido perteneces a una clase social alta en Salta, ¿participas de los códigos de esa clase social o te evadiste, te fuiste?


- Tengo algunas cosas que me ha dado la vocación, la familia, no el dinero porque no ha sido mi caso. Códigos a los que no renunciaría nunca porque me parece que están bien. Y otras tonterías de las que sí intento despegarme o ya me he despegado, no lo sé.

 

- ¿Por qué necesitas estar en Salta?


-Uf…  porque cargo pilas, es un enchufe energético estar en Salta. Más pasa el tiempo y más siento que Buenos Aires me absorbe,  hace tiempo que no me nutre como en otra época, en donde era fundamental estar en Buenos Aires en medio del ruido. En este momento intento  refugiarme en mi cabaña a trabajar, voy a Capital estrictamente para alguna cosa puntual.

 

- ¿Espacio o forma, qué elegís?


-Es que no hay forma si  no hay espacio, la forma va a necesitar un sitio para ser.

 

- ¿Qué es lo más importante que conseguiste en tu vida hasta ahora?
 

-Sinceramente, que hasta la fecha mis tres hijos estén bien.

 

- ¿Cómo definís el sentimiento de padre?


-Y… es como un amor doloroso todo el tiempo, o sea, siempre está la preocupación respecto del hijo, eso es lo doloroso, también está la parte gozosa: “mis hijos están bien, están haciendo lo que quieren”, digamos, pero siempre hay en el fondo una preocupación, una especie de contrabajo continuo que está sonando que es como la cosa grave y eso siento.

 

- ¿Le tenés miedo a la muerte?


-No, no me planteo si le tengo miedo, creo que no.

 

- ¿A quiénes admiras, pueden ser artistas, ya dijiste, o a personas de la vida cotidiana?


-A pocos meses de la muerte de mi madre digo que admiro a mi madre…también a muchos creadores, a muchos amigos.

 

- ¿Qué es Molinos en tu vida en este momento?


-Es un pueblito que creo que desde chico estaba, no sé por qué motivo, ligado a mí, todo lo  que me ha pasado en la infancia en los Valles Calchaquíes, tenía que pasar por la coordenada Molinos. Son esas cosas como de destino. Bueno, ahí tengo un rancho.

 

- ¿Cómo es un día feliz para vos?


-Depende del lugar donde esté, si estoy en Buenos Aires o si estoy en Salta. Un día perfecto en Salta es qué sé yo, nada, estar aquí con mis amigos y terminar la noche enla Casona por ejemplo, ese es un día perfecto para mí, o al día siguiente salir a andar a caballo, qué se yo. En Buenos Aires, un día perfecto puede ser desde las siete de la mañana hasta las ocho de la noche en el taller.

 

- ¿Qué cosas te entristecen?


-Mm…. ver gente hecha bolsa por ejemplo, me entristece la pobreza, la miseria de la gente, me entristece por ejemplo ver un cyber lleno de adolescente jugando a jueguitos electrónicos, me entristece muchísimo eso, me da bronca.

 

- ¿Qué cosas te hacen reír?


-Más allá de la gallina, una buena comida, una buena charla, un buen vino, es una situación ideal.

 

- Bueno, para terminar ¿qué esperas de tu arte?


-Uyy ¿qué espero de mi arte? Que no se me escape, que siga apareciendo si es que aparece cuando estoy en el taller… que siga irradiando.